30 julio 2009

LOCOS POR LA ALTA FIDELIDAD

Cuando vi la película "Alta Fidelidad" por primera vez, allá por el 2000, salí convencido de que yo era como el protagonista, Rob. Pero todos y cada uno de mis amigos dijeron lo mismo al abandonar la sala. Y es que tanto yo como mis amigos somos unos frikis de la música, tal y como los personajes de la película: todos elaboramos listas absurdas de canciones, hemos grabado cintas (o cedés) recopilatorios para amores imposibles, tenemos vastas colecciones de discos (elepés, singles, epés, cintas, cedés y ahora también un montón de discos en versión digital) y mantenemos nuestra colección escrupulosamente ordenada, eso sí, cada uno a su caótica manera. Yo, por ejemplo, por estricto orden alfabético del intérprete; pero mi amigo Vicente los tiene ordenados por décadas y José Luís por estilos, unos raros.

Con el espíritu de "Alta Fidelidad" en mente, y para gente como nosotros está dedicado el artículo que publica hoy "El País":
http://www.elpais.com/articulo/madrid/Conectados/Alta/fidelidad/elpepiespmad/20090729elpmad_18/Tes

QUOTE:

Conectados a 'Alta fidelidad'

Pequeñas tiendas de discos cultivan el ambiente de la novela de Nick Hornby

CARLOS MARCOS - Madrid

EL PAÍS - 29-07-2009

La entrada es libre. No existe ningún tipo de obstáculo para que cualquier persona empuje la puerta y acceda al interior. Al fin y al cabo, sólo es una tienda de discos. ¿Sólo? No: es mucho más. Cuando asomas la cabeza, ya todo depende de ti. Si eres de esos entusiastas de los últimos éxitos, tu estancia allí será de unos diez segundos. La escena pinta tal que así. "Hola, ¿tienes el último disco de Bisbal?". Joaquín López, el dueño -hombretón de 53 años, casi 1,90, siempre en vaqueros, el pelo ya cano pero abundante hasta formar un tupé-, te enviará su mirada de Harry el Sucio y de su boca se deslizará un sequísimo "no, aquí no tenemos de eso". La puerta se cierra y los números no engañan: exactamente 10 segundos.

Si, por el contrario, sus intenciones son otras, la cosa cambia. "Hola. Me gustan mucho los Byrds. ¿Podrías recomendarme algo en esa onda?". Entonces a Joaquín-Harry el Sucio se le dibuja una leve sonrisilla, le agarra de la solapa (no asustarse: esto último es metafórico), empieza a poner discos maravillosos de bandas de su gusto que no sabías que existían, y no le soltará hasta que transcurra una hora.

Cuando cierre la puerta, llevará en una bolsa no menos de seis discos y de su cartera habrán volado 100 euros. La felicidad, amigo, tiene su precio.

Ésta es la atmósfera de un día normal en Rock and Roll Circus (calle de las Conchas, 4; abierta desde 1997), una de las pocas pequeñas tiendas de discos que se encuentran en Madrid. El escritor inglés Nick Hornby se pasaría horas buscando joyas aquí. El ambiente es similar al que se desarrolla en su novela Alta fidelidad (luego llevada al cine con el protagonismo de John Cusack y Jack Black): pequeños templos del sibaritismo musical donde se charla, se discute (algunas veces de forma acalorada), se cuentan historias sobre canciones...

En el centro de Madrid existen varios de estos espacios gozosos. En Escridiscos (Navas de Tolosa, 4) suena hoy un excelso disco de Lucinda Williams. Desde los setenta lleva en marcha, bajo la dirección del matrimonio formado por Pepe Escribano, de 57 años, e Inés Ureña, de 53. "Alta fidelidad es una de nuestras películas favoritas. Cuando fuimos a verla al cine, los chistes eran tan del rollo musical, que sólo nos reíamos nosotros", cuenta la pareja.

Sí, Alta fidelidad, aquellos tres puristas llamados Barry, Dick y Rob, propietarios de la tienda de discos Championship Vinyl. Su juego favorito era confeccionar listas de todo tipo. Ahí va una. Los cinco grupos "que habrá que matar a tiros cuando llegue la revolución musical": Simple Minds, Michael Bolton, U2, Bryan Adams y Genesis.

"No, no somos tan radicales", comenta entre risas Toni Martín, propietario de la mítica Toni Martín Discos (Martín de los Heros, 18), en funcionamiento desde 1976. "Nuestra filosofía es conseguir discos que no los encuentras en ninguna parte de forma rápida y económica. Recuerdo que, cuando abrimos, nuestros discos más vendidos fueron Brothers & sisters, de Allman Brothers, y Dark side of de moon, de Pink Floyd", informa Martin. ¿Conversaciones pasionales? El responsable de Rock and Roll Circus osa decir que el último disco de los incuestionables Wilco es flojo: "Me gustaban mucho más antes. Ahora construyen melodías indefinidas". Y se abre el debate.

La más reciente es Radio City (plaza Guardias de Corps, 1; abierta en 2005), un cuarto minúsculo repleto de encanto en el que como mucho caben cinco personas. Pero es un gusto sentarse en el suelo a manosear discos. Jesús Álvarez, de 33 años, es su propietario: "Se trata de transmitir a la gente la pasión que yo siento por la música. El 95% de lo que tengo en la tienda me gusta a mí". Fernando, de 36 años, uno de los clientes de Radio City, añade: "Hay mucha diferencia entre estas tiendas y otras donde preguntas por un disco a un tipo con un chaleco y tiene que ir a buscarlo en el ordenador para luego decirte: 'No lo tenemos".

Todos coinciden en que sus clientes son mayoritariamente hombres de la treintena para arriba. Alguno de ellos, capaces de gastarse 2.000 euros en un mes en discos de un precio medio muy competitivo, de 15 a 17 euros. "Aunque el vinilo ha subido en los últimos tiempos, se siguen vendiendo muchos más compactos", aseguran.

Algunos músicos españoles se pasan por estos paraísos musicales en busca de joyas. Amaral, Quique González, Los Secretos, Los Coronas o Javier Álvarez son sólo algunos de ellos.
Y atención al habitual caso del cliente despistado, como aquel que acudió a Escridiscos con la pregunta: "¿Tiene discos de Alejandro Sanz?". A lo que le respondieron: "No, aquí sólo vendemos rock and roll". "Entonces, ¿tienes de Julio Iglesias". O era sordo el cliente o un bromista.

UNQUOTE


A los fans de la música y a todos lo que no hayan visto todavía la película de Stephen Frears, por favor, que no lo aplace más. Y, por supuesto, también recomiendo leer el libro de Nick Hornby, en inglés, si es posible.

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