14 noviembre 2006

UN PROYECTO DE VIDA

Eso es lo que tengo que tener. Sin él mi vida no tiene sentido. ¿Qué es un proyecto de vida? Ser un gran director de orquesta. Tener una empresa a mi cargo. Cuidar ovejas. No sé. Yo pensé que lo tenía. Vivir con alguien. Querer y ser querido. Pero parece que no basta. Por lo menos a Violeta no le bastó. Mi terapeuta quiere que tenga un proyecto de vida porque eso me hará independiente. Ni que fuera tan malo depender de alguien. Cuando me dice cosas así, me da la impresión de que no me conoce en absoluto. Y encima me manda tarea para el año nuevo. Buscarme un proyecto de vida. Algo a lo que aferrarme y por lo que luchar.

Entonces empiezo a devanarme el cerebro. ¿Qué cosas me gustan? Me gusta ir al cine, me gusta ver películas; me gusta verlas en el cine, en la televisión o en vídeo. Me gusta el cine. Empiezo a ver una película y me olvido de todo y luego, cuando termina, me puedo pasar horas pensando en ella: si el guión estaba bien o mal, en lo convenientes que eran los actores, si los personajes estaban suficientemente desarrollados, en los decorados, los exteriores, la música. Pero, claro, no es un proyecto de vida el cine, salvo que seas director, guionista, actor o iluminador. Es una forma de divertirse.

También me gusta la música, me gusta cantarla, me gusta escucharla. La música es la banda sonora de mi vida. Muchas veces voy por la calle y me veo a mí mismo como el protagonista de una película y entonces pienso en un tema musical acorde con el momento y me parece que la gente a mi alrededor sigue una coreografía al ritmo de la música. Me recuerdo siempre cantando, en voz alta o mentalmente. Cualquier tipo de canción: de misa (estudié muchos años en un colegio de curas), coplas, de los años sesenta, zarzuelas, cabaré, populares, no me importa el género. Cada una tiene cabida en su momento. Pero tampoco es un proyecto de vida escuchar música. En todo caso lo sería dedicarse a la música: tocar un instrumento y ganarse la vida con él, cantar en un “conjunto músico-vocal”, como se decía en las contraportadas de los discos de la época “yeyé”.

Yo siempre quise cantar en un grupo. Es más, inventé los nombres de cientos de ellos de adolescente e incluso escribía las letras de las canciones, pero no tocaba ningún instrumento ni tuve nunca la oportunidad de unirme a ninguno. Me hubiera gustado ser como Conchita Velasco en “Historias de la televisión”: un chico de Fortuna que llega a la fama. Podía haber elegido el personaje de Tony Leblanc, pero él sólo se hace yeyé por las circunstancias. Por ahí tampoco merece la pena seguir buscando.

Qué artificial me suena eso de buscarse un proyecto de vida. Parece una redacción: “Cuál es mi proyecto de mi vida”, quinientas palabras. “Yo quiero ser bombero”. Si me preguntaban eso de niño yo nunca sabía qué responder. Tenía tal certeza de mi genialidad, que pensaba que no me haría falta tener que escoger nada, porque todo lo haría bien. Lo cierto es que de niño era mucho más natural y nunca tuve que preguntarme tantas cosas como ahora. Entonces sí vivía. No me preguntaba qué haría de mayor, ni si el año siguiente habría que estudiar más o menos. Lo hacía y punto. ¿Qué más cosas tenemos que hacer en esta vida aparte de vivirla? Yo quiero volver a ese punto y no tener que hacerle la redacción a mi terapeuta diciéndole que tengo un proyecto de vida.

Afortunadamente he dejado a mi terapeuta. Es un decir. Ella todavía no lo sabe, de hecho. Tenemos una cita a principios del año que viene para ver qué tal estoy. Está muy preocupada por mí. Teme que vuelva a caer en la depresión. Por eso tengo que hacer la redacción del proyecto de vida. Pero yo no quiero volver. He estado seis años y he aprendido más de mí mismo en los últimos meses que en más de dieciocho mil euros gastados en ella. Podía tener ya para la entrada de un piso, que es lo que necesito ahora, antes que un proyecto de vida. Los animales no tienen proyecto de vida. Con buscarse la comida, buscarse un refugio donde dormir, cuidar de que su cuerpo esté en buena forma para escapar, cazar y reproducirse, tienen de sobra.

Yo salgo a cazar todas las mañanas. Voy al trabajo y consigo el dinero suficiente para mantenerme, o no, que no me llega ya para nada. No cuido mucho de mi cuerpo, pero intento escapar todo el tiempo de todo y no cazo, porque siempre he tenido muy mala puntería.
Lo de reproducirse, debe de ser que no es la época.

Si me preguntara alguien en este momento cuál es mi proyecto de vida, yo respondería: vivir. No me parece tan mal proyecto. Vivir es lo que he hecho toda mi vida. ¿No es suficiente proyecto de vida? Porque una vez me creí que yo era especial y genial y que haría grandes cosas, tengo que pensar que mi vida no me llena lo suficiente. Que en los ratos de ocio tendría que estar creando la gran obra de mi vida. Un libro de cuentos que fascinara al mundo, un libro de cuentos que me fascinara a mí y a algunos más. ¿Qué hay de malo en vivir solamente?

Asistimos a una video conferencia, en la que no intervenimos los empleados; sólo el presidente de la compañía para contarnos los resultados de una encuesta laboral. Después de agradecernos la elevada participación, lo que le "honra y llena de orgullo", se compromete a aplicar los procedimientos necesarios para que nuestras opiniones se tengan en cuenta y podamos tener una compañía excelente, la mejor para todos nosotros, donde nos sintamos muy cómodos y seamos más felices.

Creo que debo dejar de preocuparme, porque ya está el presidente para cuidar de mí y de mi futuro y de mis proyectos de vida.

Dice un conocido, con el que coincidí en el concierto de Antony and the Johnsons el otro día en el nuevo Palacio de Congresos de Madrid (sito, por cierto, en la Avenida de la Capital de España, Madrid, lo que me parece un nombre ridículo para una calle), que Google es fantástico, su biblia, y no sabe qué haría si desapareciera. Una vez escribió su nombre y no encontró ninguna página web con él, ni reseñas de su persona, con lo que se dio cuenta de que no era nadie, puesto que no existía en Google, que es capaz de encontrarlo todo.

Yo creo que lo peor es buscar tu propio nombre y que aparezca otro. Es casi como William Wilson, el relato de Poe.

Voy a buscar en Google, y le voy a dar a “voy a tener suerte” a ver si me da alguna pista sobre proyectos de vida.

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